Imperio Turco

 

El Imperio otomano comenzó siendo uno más de los pequeños estados turcos que surgieron en Asia Menor durante la decadencia del Imperio Selyúcida. Su capital era Constantinopla.

Este imperio en muchos aspectos era el sucesor islámico de los antiguos imperios clásicos, caracterizado por rasgos y tradiciones culturales de estos, tales como la arquitectura, la cocina, el ocio y el gobierno.

Durante el siglo XIX varios territorios del imperio otomano comenzaron a alcanzar su independencia, principalmente en Europa. Las sucesivas derrotas  en guerras y el auge del nacionalismo llevarían al decaimiento del poder del imperio.

 

Se ubica en:

En Asia y Europa que se extiende por toda la península de Anatolia y Tracia en la región de la península de los Balcanes.

Limita al noreste con Georgia, al este con Armenia y la República Autónoma de Najicheván (perteneciente a Azerbaiyán), al sureste con Irán, al norte con el mar Negro, al oeste con Grecia, el mar Egeo y Bulgaria y al sur con Irak, Siria y el mar Mediterráneo.

 

 

 

Guerras turcas:

Primera fase: en los años 1820, el Imperio cede terreno por el hecho del empuje de los movimientos de liberación nacional: independencia de Grecia en 1830, autonomía de Serbia en 1829, que será seguida por la de las provincias rumanas en 1859.

 

Segunda fase: las revueltas en los Balcanes y la guerra ruso-turca de 1877-78 aceleran el retroceso; sólo frente a los rusos, los otomanos se desploman, lo que acarrea

la pérdida definitiva de Serbia, Rumanía, Tesalia (que se integra en Grecia) y

una parte del Epiro; territorios como Bosnia-Herzegovina (ocupada por Austria-

Hungría) y Bulgaria (convertida en Principado autónomo) no dependen más

que nominalmente de Estambul.

 

Tercera fase del retroceso: tras la revolución de los “Jóvenes Turcos” de 1908, Bulgaria proclama su independencia, Austria- Hungría anexiona Bosnia-Herzegovina, Creta se une a Grecia. Después, en el momento de las guerras balcánicas (1912-1913), el Imperio Otomano pierde sus últimas posesiones en Europa, Albania, Macedonia y Tracia occidental, queda sólo la Tracia oriental (con Andrinópolis) y la capital Estambul.

Guerras Balcánicas de 1912-1913. También los otomanos perdieron el control del norte de África: Argelia fue tomada por Francia en 1830 y Túnez en 1881. Inglaterra ocupó Egipto en 1882 e Italia se anexionó Libia en 1912. Pero los otomanos conservaron las provincias asiáticas e incluso aumentaron su poder en Arabia. Aunque había algunas muestras de oposición nacionalista en las provincias árabes, se limitaron a una pequeña minoría, y en 1914 no había razones que hicieran pensar que el poder otomano no perduraría en Asia.

 

Caída del imperio turco.-

El colapso y la extinción del Imperio otomano fue consecuencia de la I Guerra Mundial. El gobierno cometió el error de entrar en la guerra del lado de los Imperios Centrales , y la derrota de Alemania significó el final de los otomanos. Éstos no tuvieron demasiados problemas durante los dos primeros años de la guerra, aunque sufrieron derrotas a manos de Rusia al este de Asia Menor. Pero en 1917-1918, cuando comenzaron en Irak y Siria nuevas ofensivas británicas, las fuerzas otomanas comenzaron a declinar y tras la firma del Armisticio de Mudros (octubre de 1918) los otomanos habían perdido todo menos Anatolia. Los otomanos se vieron obligados a firmar el Tratado de Sèvres (1920), a través del cual no sólo perdían las provincias árabes sino también sufrían la división de Anatolia. En oposición a los planes aliados, y en concreto a la invasión de Izmir por Grecia en mayo de 1919, surgió un movimiento nacionalista bajo el liderazgo de Mustafá KemalAtatürk; este movimiento llevó a cabo la resistencia armada hasta que en 1922 los griegos fueron derrotados y expulsados de Anatolia y del este de Tracia. El sultán se había comprometido por su aquiescencia con la política de los aliados, y el 1 de noviembre de 1922 se abolió la dinastía otomana y el Imperio llegó a su conclusión. Un año después fue sustituido por la República de Turquía.

Hubo dos respuestas a esta decadencia por parte de los otomanos. Por un lado, mantenían que la raíz del problema era que las instituciones otomanas, comenzando por el Ejército, habían permitido la merma del esplendor que había prevalecido en el siglo XV y la respuesta era volver a la antigua situación. Por otro, el sector poderosamente representado por la burocracia civil, creía que el problema era que los estados europeos habían hecho avances militares que era necesario que los otomanos igualaran. Durante el siglo XIX esta segunda opción dominó y el resultado fue el movimiento de reforma otomana que comenzó durante el reinado de Mahmud II. Sin embargo, se descubrió que la reforma militar necesitaba de cambios mucho más trascendentales en el gobierno y, en última instancia, en la sociedad, a largo plazo.

 

 

 

 

Daniela Rojas, Isabel Rojas & Carla Toloza